Alfaguara edita la correspondencia completa de Julio Cortázar

Dicen de las epístolas que escribía Julio Cortázar que las escribía con el mismo esmero que imprimió a su obra literaria. La Editorial Alfaguara ha editado en 5 tomos la correspondencia completa de este genial argentino autor, entre otros, de Rayuela. En cada uno de los 5 libros se puede encontrar la relación epistolar que mantuvo Cortázar con Aurora Bernárdez, Victoria Ocampo, Paco Porrúa, Juan Carlos Onetti o con su hermana Ofelia.
A pesar que el panorama literario actual en España e Hispanoamérica poco tiene que ver con el que vivió Cortázar, en las cartas de cada libro se puede comprender el universo Cortázar: de los buenos recuerdos, de aquellos escritores coetáneos que lo leyeron con devoción y encontraron en el un guía en sus viajes iniciáticos hacia la vida de escritor. Por otro lado Cortázar todavía es actual, sobre todo en lo que respecta a sus cuentos.
A lo largo de los cinco volúmenes de cartas y poesía aparece el Cortázar más público y el Cortázar más personal: el antiperonista, el bonaerense enamorado de la Ciudad de la Luz, el intelectual, uno de los símbolos de la izquierda latinoamericana y mundial o el viudo desesperado por la pérdida de Carol Dunlop.
La Editorial Alfaguara es ya veterana en la publicación de todo lo que Julio Cortázar escribió a lo largo de una vida literariamente fecunda, tanto en novela como en otros géneros literarios. En el año 2000 se publicaron 3 volúmenes con sus cartas, mientras que en el año 2009 se publicaron Papeles inesperados y las Cartas a los Jonquiéres en el año 2010. La realidad, y en las ventas lo puede cuantificar la editorial, la redición de muchos de sus textos logra que el lector actual vuelva a recorrer de una manera muy fácil la distancia que los separa de obra escritas hace décadas.
Esta nueva edición de Alfaguara con cinco volúmenes de sus cartas proviene de una edición corregida y aumentada de más de 1.000 cartas, muchas con forma de poema, logra superar la edición del 2000 y permite a lector entender a Julio Cortázar a partir de su personalidad poliédrica, siempre desde la nostalgia de la muerte en el año 86 del genial novelista. La recopilación de las cartas se inicia en el año 1937 cuando Cortázar todavía era un maestro normal que ejercía su magisterio en la provincia de Buenos Aires; la última de las misivas está fechada en el año 1986 y en París pocos días antes de su muerte.
Estas cartas son también testigos del recorrido vital de Julio Cortázar y de su biografía como escritor y poeta. Inclusive para algunos críticos, como Carles Álvarez Garriga, son la mejor novela del argentino en la cual se muestra la coherencia entre su vida y su obra, la falta completa de astucias o de renuncios y su gran disponibilidad ante los jóvenes escritores.
Como el propio autor reconocía en 50 años no hubo mes que no escribiese a una enorme pléyade de destinatarios a los que por otra parte el autor porteño necesitaba dirigirse de una manera muchas veces perentoria, desde por razones de amistad y cariño, por responder a estudiosos de su obra y sus novelas, por necesidad vital de compartir capítulos de sus obras con otros escritores como José Lezama, Mario Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti, Roberto Juarroz, Guillermo Cabrera Infante o Victoria Ocampo.
La lectura de sus más de 3.000 páginas que componen la presente edición de Alfaguara muestra a un Cortázar siempre cercano a los destinatarios de sus misivas, un Cortázar que siempre los trataba como amigos con una gran generosidad  y temperatura emocional que se demostraba en la palabra siempre amable y divertida y en la extensión que dedicada a sus cartas. Además en sus cartas – recordemos que los años que vivió Cortázar no existía ni el correo electrónico ni el procesador de textos – son un prodigio de fluidez, elegancia e ingenio que revelan el gran escritor que en sus textos epistolares seguía haciendo literatura.
En los volúmenes que ahora publica Alfaguara nos encontramos con un escritor que, no estando muy desarrollada en aquella época la figura del agente literario, se desvivía porque sus obra fuesen editadas con un cuidado extremo, que las traducciones de sus cuentos a otros idiomas representante el cuerpo y la letra de lo que había escrito y por último también un escritor preocupado de que sus relaciones con las editoriales fuesen lo más lucrativas posibles para poder vivir de la literatura.
A lo largo de muchas cartas también vemos las dificultades económicas que muchas veces le asaltaron a lo largo de su carrera y que hasta no ser un escritor muy consolidado no pudo dejar abandonar el puesto de traductor en la UNESCO. En la correspondencia, muchas veces con forma de cuento y con su editor en la Editorial Sudamericana indica a este último como debe negociar sus derechos de los libros traducidos a otros idiomas y publicados en el extranjero.
Con el traductor al inglés de sus textos, Paul Blackburn, mantiene una relación con constantes muestras de complicidad y hasta de cariño. No así con Edith Aron – se especula que fuese la modelo del personaje de Maga en Rayuela – la traductora de sus obras al alemán y con la que el argentino finalizó su relación profesional tras una traducción de su obra que este consideró como pésima y horneada con mala masa literaria.
También en las epístolas que componen estos cinco volúmenes se puede ver al Cortázar más político en su colaboración con las revoluciones cubana y nicaragüense a las que pide información, ofrece colaboraciones de literatura, establece contactos y se inmiscuye en diversas causas. Una buena parte de sus epístolas, sobre todo las que tienen que ver con su vida doméstica, se encuentran teñidas de humor y están dirigidas básicamente a Aurora Bernárdez que será a partir de un determinado momento su albacea epistolar y la encargada de guardar su intimidad, su memoria y sus papeles.
Fuente: Revista Ñ     |     Imagen: Megyarsh

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